Lisa y sencillamente me desperté a las cinco de la mañana para nada. Me bañé, desayuné y salí una hora antes de mi casa para nada. Viajé hasta Liniers, caminé dos cuadras para buscar la parada del 21 ramal “tigre”. Esperé un ratito.
Me subí esperando que me toque uno de esos choferes “buena onda”, de esos que te dicen “bajáte en la que viene” y justo a mi, ¡justo! Me vino a tocar el que peor noche había tenido.
Robusto, a cara de perro, mirada fija al frente, nunca una sonrisa. Traté de suavizar la situación con un “buen día, ¿vas hasta Márquez y Panamericana, no?” y de repente vi que el traga monedas marcaba: $1, 40.- y él, seguía mirando para adelante.
Entendí que sí. Que iba a mi destino.
No contenta con eso decidí que iba a preguntarle si tenía idea dónde quedaba mi dirección.
-“Disculpame, ¿no me dirías mas o menos cuándo estamos por llegar a Márquez y Panamericana? Yo no soy de acá.” Sonreí. Nada.
- “50 minutos calculale” ejecutó con una voz grave.
Me quedé parada con la misma postura que el resto y sentía que mi cuerpo se iba poniendo duro a medida que iba avanzando el colectivo. “Tranquilizate, tranquilizate” me decía a mi misma. Ya me imaginaba varada en el medio de la nada y gritando: “EL CHOFER NUNCA ME AVISÓ CUANDO ME TENIA QUE BAJARRRRR”.
Como era de día pensé: “Imposible. No me puede pasar eso. Relajate.”
Veinte minutos más tarde en Av. Constituyentes veo un cartel que decía: “7’ a Unicenter”. No podía faltar tanto para mi dirección entonces.
1 minuto… 2 minutos… ¿ya pasaron 7 minutos? ¿Y si el colectivo fue más rápido y hace el mismo trayecto pero en 5 minutos?
Entonces amagué a decirle al conductor: “disculpame, ¿falta mucho para Márquez y Panamericana?”
-“Falta”
Sin agregar una palabra más ni una menos.
Bueno, me senté otra vez. Esperé cinco minutos más y volví a repreguntar y ésta vez se la jugó. Levantó dos dedos de la mano derecha y dije: “¿faltan dos paradas?” y asintió con la cabeza.
Ya habíamos generado una conexión. El no quería hablarme, yo no quería dejar de preguntarle.
¡Llegué! Tenía una segunda entrevista a las 9.30 en una oficina, para ver si trabajaba bajo la fachada de una pasantía de verano como vendedora en algún local de no importa que.
Cabe aclarar que estoy a una tesis de distancia de ser Licenciada en comunicación.
Para que yo haya llegado a esa “segunda entrevista” tuve una primero en Capital que duró dos horas. Psicotécnico, trabajo grupal, luego una reunión personalizada y recién en ese momento me dijeron que podía ir a San Isidro para la segunda etapa.
El puesto era de… ¿Asistente de Marketing? ¿Asistente de comunicación interna? ¿Asistente de ·$%!·$%?
No. Pasantía de verano en el área de Retail. Así le llaman a hacer la suplencia de los que venden en los locales y hay que cubrirle la vacante mientras se toman las vacaciones de verano. Y si… piden estudiantes de Marketing, comunicación y RRPP así pagan “asignaciones estímulos”.
Encontré el lugar. Me presenté, esperé y dos minutos después subí a una oficina.
La que me tenía que entrevistar tenía toda la pinta de ser la hermana del colectivero “amigable”. No tenía más de veintipico, pero había hecho una maratón aparentemente porque me hablaba desde treinta escalones más arriba.
- “Contáme… ¿por qué elegiste ésta oportunidad laboral?”
- “Mmmm… Tu último trabajo ¿cual fue?”
Y seguía: “esto es llanamente venta en los locales… no es efectivo… así y todo ¿te gusta?”
(Es esa pavada… y así y todo hacen un cuasi casting a lo operación triunfo para tomarme????).
Me sacó una foto y ya me la podía imaginar tomando un café a la tarde y mirando las fotos de los candidatos y pensando en hacerse un fotolog con todo el material.
Antes de retirarse de la reunión me dijo que iba a venir la supervisora para continuar con la otra parte del proceso. (Operación triunfo, un panqueque al lado de esto).
(Continuará…)
“hacerse un fotolog con todo el material.”
ajajajajajajjaja
y flogch