¡Pasaste al Psicotécnico!

octubre 31, 2008 - Escribir una respuesta

Tenía 21 años cuando una vez llegué a la tercera entrevista para el puesto de recepcionista bilingüe para una empresa. Me mandaron a hacer el psicotécnico a la consultora.

Me atendió una señora, recuerdo que hablamos muchísimo, yo casi no contaba con experiencia y mi sinceridad en vez de ocultarla debajo de los zapatos me la tatué en la frente. Así me fue.

Quiero que sepan que en mi familia hay dos psicólogos y como en casa de herrero cuchillo de palo… no se me ocurrió preguntarles: “¿Qué hay que decir para quedar diez puntos en un psi-co-tec-ni-coooo?”

No. La fui de guapa total. Año dos mil y pico y la tecnología no había llegado a esa oficina. Mientras ella se fue a tomar un cafecito me dejó haciendo un choice de 800 preguntas pelotudas realmente. (Usaría otra palabra más dulce, pero no. Eran pelotudas de corazón.)

Ejemplo: “Su jefe le pide que mande 20 fax a un cliente en el horario en que su jornada laboral ya finalizó.”

¿Ud. Cómo reacciona?

  1. Le explica que no va a poder mandarlos porque Ud. Tiene
    una vida y su horario ya terminó.
  2. Le dice que sí y cuando su jefe se va deja todo
    sobre el escritorio para hacerlo mañana.
  3. Se pone a llorar y amaga a renunciar.
  4. Acepta amablemente enviar los fax y cuando termina,
    antes de retirarse le pregunta a su jefe si necesita algo más.

Con ese ejemplo expliqué todo.

Después de que terminé eso… Llegamos a la parte de… ¡¡¡Los dibujitos!!!

Ay… ¡cómo me gusta esa parte! Y ¡qué útil me parece! (Ironía).

Me dijo: “Dibujá a una persona bajo la lluvia y contá una historia sobre eso”.

“¡A mi juego me llamaron!” Pensé.

Se me ocurrió hacer a una nena, lluvia, un paragüas. Cositas normales. ¿Qué pasó? Aparentemente le debe haber saltado como resultado que yo era una maniática lunática inconmensurable. Sucede que yo quise ser creativa. ¡Comunicación Social señores! ¡¿Qué esperaban?! Nos gusta escribir (dibujar no es mi fuerte), pero había que hacer una historia y yo me emocioné.

Comenté algo sobre que la nena salía de la casa de una tía que le había contado una noticia (creo que le puse que era malo lo que le dijo) y cuando empezó a caminar se largó a llover, sacó el paragüas que llevaba y no me acuerdo que más. El dibujito era con unas nubes terribles, con unas gotas de lluvia de la puta madre y un paragüas bien grandote.

Resultado: Nunca me lo enteré.

Llegué a mi casa. Días después hablé con mi tía la psicóloga y me dijo: “Uhhh nooo!!! Las gotas grandes significan que acarreas muchos problemas (?), el paragüas si lo hacés enorme quiere decir que sos una atajada, siempre cubriéndote.”

Y yo pregunto, ¡¿si a la nena le dibujaba tetas grandes quería decir que tenía tendencias suicidas también?!

No le encuentro coherencia alguna a nada de esto.

De todos modos una vez que esto pasó a ser parte de mis anécdotas, encontré a miles de personas que me decían: “Ah si, ya lo sé, yo siempre dibujo todo con un solcito para darle más alegría y que no parezca que uno tiene problemas.”

¡Ah bueeeno!

Mi oportunidad de reivindicarme con la lluviecita y el solcito vendría después. Ya les contaré.

Reflexión y… ¡Saaalud!

octubre 29, 2008 - Una respuesta

Cada vez que emprendo la búsqueda laboral empiezo de a poco ojeando algunos avisos y aplico para el que más me atrae. Pasa una semana y sumo algún que otro avisito más y pasa otra y ya voy viendo si no doy con el perfil de administrativa y a la siguiente me pregunto ¡¿por qué no estudié ingeniería?!

Luego vuelvo a relajarme, a mandar selectivamente hasta que noto que no me suena el teléfono y envío para todos los puestos de recepcionista, secretaria o asistente. Puestos que cada vez se ajustan a perfiles más parecidos a “telefonistas/contadoras que también saben limpiar, coser y planchar, (excluyente)”.

Entonces pongo en el buscador: “Comunicación + Marketing” y el resultado dice: “No se encontraron resultados para la búsqueda”. ¡Ok. Quedamos así, tengo una salida laboral bárbara!

Algunos me dicen en el camino: “Tenés que trabajar de busca-trabajo”… Sin palabras. ¡Detesto esa frase!

Recuerdo una época que leía todas las notas sobre “Cómo ser el mejor postulante para el mejor puesto.” Cuando digo que las leía todas no exagero.

Tenía data fehaciente sobre todo lo que podía suceder en una entrevista.

Era experta de cosas tales como sentarme derecha, ni muy adelante (porque insinuaba inseguridad), ni muy atrás (porque eras un relajado), que las piernas cruzadas son una barrera y los brazos tienen que estar a los costados para que la vibra comunicacional fluya, ¿no? Chiste, chiste.

¡Por Dios es una falacia total! Si alguien va a entrevistas de verdad se puede dar cuenta que de lo que realmente se vale la “primera impresión” es de lo bien atendida o no que esté la persona que te la toma.

En ningún momento evalúan si la mano, si los pies, si las piernas cruzadas, si el flequillo para un costado significa buena onda y raya al medio: malo para matemática. No. Es básicamente una cuestión de gustos. Piensan: “me caes bien, me caes mal, punto”.

Más de una vez me presenté con todo el bagaje de información pensando: “Derecha, apretá la mano con firmeza, sonreí. Pero no mucho para no parecer graciosa, ni poco para no parecer antipática.” Lo mejor fue cuando leí que si uno era el “espejo” del entrevistador tenía mejores chances. Con eso se refería a que si él o ella se sentaba de un modo, lo mejor era intentar adoptar la misma postura para que se sienta cómodo y que se cree una conexión.

Juro que en la última que tuve la flaca estornudó y yo casi lo hago atrás de ella para que se sienta la fuckin’ conexión. Pero mantuve la cordura.

La próxima ya fue, voy a estornudar.

2da parte

octubre 28, 2008 - Una respuesta

Ok. A esperar a la supervisora entonces…

Mientras estaba sentada en la oficina escucho que viene alguien hablando por celular y entra:

- “blabla bla bla bla bla bla…. El monto que te dije anoche…. Blablalablaba.. cerraste la caja como te dije con el monto que conversamos… balbalablablabal”

Yo atiné a sonreír en forma de saludo y ella levantó la mano al mejor estilo “te veo desde la calle de enfrente y te tiro un saludito si te cruzo.”

Los tantos ya estaban claros, la srita que ingresó hablando a la reunión era la que me iba a entrevistar por segunda vez en lo que iba del día.

Ojeó un poco el CV. Preguntó las mismas huevadas que la anterior y se interesó por mi último trabajo temporal. Sin dudas porque era el primero que venia en la lista… de arriba para abajo….

- “¿Cómo describirías al vendedor ideal?” preguntó

Respondí.

- “¿y por qué te interesa ésta propuesta?”

- “¿Tenés pensado irte de vacaciones?”

Exactamente los mismos interrogantes desde que fui a la consultora hasta que llegué ahí. Todavía a esa altura no podía creer que me estuvieran preguntando y repreguntando tantas cosas sólo para hacer una “pasantía de verano” que nada relacionado a mi carrera tenía, pero que era excluyente ser estudiante universitario eh. ¡Eso si!

Obviamente entre palabra y palabra sonaba su celular, contestaba algún mensajito… la invité a responder los llamados, me hizo un chiste –“¡No no, Así podríamos estar toda la tarde!” y remató la entrevista con una pregunta que la pintó de punta en blanco.

“¿Pero tus trabajos eran más relajados, como te sentirías con ésta propuesta?”

Creo que tendría que haber saltado de la silla, avalanzarme sobre ella y decirle: “¡¡¡¿¿¿Sos enferma, NI leíste mi CV???!!!”

Me hubiera encantado.

Pero no. Sacada de manualcito, respondí a la impronta:

- “No, perdón. Trabajé casi dos años como administrativa de ventas en horario full time de lunes a sábado. Luego prioricé mi carrera, y me estoy recibiendo ahora pero para no dejar de trabajar tomé propuestas temporales para manejar mis tiempos. Pero hay que trabajar doce horas por día con la misma actitud de las 9 de la mañana cuando ya son las 21hs haciendo asistencia en congresos.”

- “Ah… si, tenés razón”

Y le sonó su celular…

(Continuará…)

Entrevistada

octubre 27, 2008 - Una respuesta

Lisa y sencillamente me desperté a las cinco de la mañana para nada. Me bañé, desayuné y salí una hora antes de mi casa para nada. Viajé hasta Liniers, caminé dos cuadras para buscar la parada del 21 ramal “tigre”. Esperé un ratito.

Me subí esperando que me toque uno de esos choferes “buena onda”, de esos que te dicen “bajáte en la que viene” y justo a mi, ¡justo! Me vino a tocar el que peor noche había tenido.

Robusto, a cara de perro, mirada fija al frente, nunca una sonrisa. Traté de suavizar la situación con un “buen día, ¿vas hasta Márquez y Panamericana, no?” y de repente vi que el traga monedas marcaba: $1, 40.- y él, seguía mirando para adelante.

Entendí que sí. Que iba a mi destino.

No contenta con eso decidí que iba a preguntarle si tenía idea dónde quedaba mi dirección.

-“Disculpame, ¿no me dirías mas o menos cuándo estamos por llegar a Márquez y Panamericana? Yo no soy de acá.” Sonreí. Nada.

- “50 minutos calculale” ejecutó con una voz grave.

Me quedé parada con la misma postura que el resto y sentía que mi cuerpo se iba poniendo duro a medida que iba avanzando el colectivo. “Tranquilizate, tranquilizate” me decía a mi misma. Ya me imaginaba varada en el medio de la nada y gritando: “EL CHOFER NUNCA ME AVISÓ CUANDO ME TENIA QUE BAJARRRRR”.

Como era de día pensé: “Imposible. No me puede pasar eso. Relajate.”

Veinte minutos más tarde en Av. Constituyentes veo un cartel que decía: “7’ a Unicenter”. No podía faltar tanto para mi dirección entonces.

1 minuto… 2 minutos… ¿ya pasaron 7 minutos? ¿Y si el colectivo fue más rápido y hace el mismo trayecto pero en 5 minutos?

Entonces amagué a decirle al conductor: “disculpame, ¿falta mucho para Márquez y Panamericana?”

-“Falta”

Sin agregar una palabra más ni una menos.

Bueno, me senté otra vez. Esperé cinco minutos más y volví a repreguntar y ésta vez se la jugó. Levantó dos dedos de la mano derecha y dije: “¿faltan dos paradas?” y asintió con la cabeza.

Ya habíamos generado una conexión. El no quería hablarme, yo no quería dejar de preguntarle.

¡Llegué! Tenía una segunda entrevista a las 9.30 en una oficina, para ver si trabajaba bajo la fachada de una pasantía de verano como vendedora en algún local de no importa que.

Cabe aclarar que estoy a una tesis de distancia de ser Licenciada en comunicación.

Para que yo haya llegado a esa “segunda entrevista” tuve una primero en Capital que duró dos horas. Psicotécnico, trabajo grupal, luego una reunión personalizada y recién en ese momento me dijeron que podía ir a San Isidro para la segunda etapa.

El puesto era de… ¿Asistente de Marketing? ¿Asistente de comunicación interna? ¿Asistente de ·$%!·$%?

No. Pasantía de verano en el área de Retail. Así le llaman a hacer la suplencia de los que venden en los locales y hay que cubrirle la vacante mientras se toman las vacaciones de verano. Y si… piden estudiantes de Marketing, comunicación y RRPP así pagan “asignaciones estímulos”.

Encontré el lugar. Me presenté, esperé y dos minutos después subí a una oficina.

La que me tenía que entrevistar tenía toda la pinta de ser la hermana del colectivero “amigable”. No tenía más de veintipico, pero había hecho una maratón aparentemente porque me hablaba desde treinta escalones más arriba.

- “Contáme… ¿por qué elegiste ésta oportunidad laboral?”

- “Mmmm… Tu último trabajo ¿cual fue?”

Y seguía: “esto es llanamente venta en los locales… no es efectivo… así y todo ¿te gusta?”

(Es esa pavada… y así y todo hacen un cuasi casting a lo operación triunfo para tomarme????).

Me sacó una foto y ya me la podía imaginar tomando un café a la tarde y mirando las fotos de los candidatos y pensando en hacerse un fotolog con todo el material.

Antes de retirarse de la reunión me dijo que iba a venir la supervisora para continuar con la otra parte del proceso. (Operación triunfo, un panqueque al lado de esto).

(Continuará…)

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